Todo comenzó mucho antes de hacer joyería.
Siempre he creído que los nombres tienen un significado. El mío es Esperanza.
Durante muchos años pensé que sólo era un nombre muy diferente porque nadie de mi edad se llamaba igual. Hasta que un día entendí que también podía ser una misión.
Tenía alrededor de doce años cuando fui de voluntaria a visitar un hospital. No llevábamos grandes cosas. Solo nuestras ganas de acompañar y escuchar a quienes estaban pasando por momentos difíciles.
Recuerdo que una señora me preguntó cómo me llamaba. “Esperanza “ le respondí. Ella me sonrió y me dijo: “Gracias por estar aquí, hoy me trajiste esperanza.” Ese día, sentí que tenía un propósito. Desde ese día supe que, de una u otra manera, quería dedicar mi vida a llevar esperanza a los demás. Todavía no sabía cómo. Solo sabía que algún día quería construir algo que ayudara a las demás y trascendiera. Muchos años después ese sueño tendría un nombre. The Hope Store.
Antes de saber qué vendería, ya sabía por qué quería emprender.
Siempre he sido una persona muy creativa. Siempre me ha encantado crear, imaginar y construir cosas desde cero. Pero también había otra parte de mí que siempre estuvo presente: las ganas de poner mis talentos al servicio de los demás. Por eso, cuando llegó el momento de elegir una carrera, estuve entre Diseño Industrial y Responsabilidad Social. Al final entendí que no tenía que escoger entre una y otra. Podía diseñar productos… que también hicieran bien.
Todo empezó con un regalo.
En 2018 hice un escapulario bordado para el regalo de cumple de una amiga. Después más personas querían regalarlos a sus amigas. Sin planearlo, empecé a diseñar joyería. Otra de mis pasiones es la fotografía. Desde que tengo memoria me encanta congelar momentos y las personas que amo. Invitaba a mis amigas a modelar las piezas, aprovechaba el estudio de fotografía de mi universidad y pasaba horas tomando fotos y aprendiendo. No sabía que, sin darme cuenta, estaba construyendo la identidad de una marca.
Entonces el mundo se detuvo.
Me gradué en diciembre de 2019 convencida de que quería intentar vivir de este sueño. Había invertido todos mis ahorros en bazares donde vendería mis productos. Pero llegó la pandemia. Los eventos se cancelaron y me quedé sin dinero para seguir construyendo mi proyecto. Podría decir que fue uno de los momentos más difíciles de este camino. Pero, curiosamente, también fue el más importante. Con mucho tiempo y mucha intensidad que no sabía en que ocuparla, aprendí en Youtube a hacer una página web. Construí la tienda desde cero y empecé a hacer en serie cada pieza. Y fue ahí cuando comenzaron a llegar pedidos de todo México. En medio de mucha incertidumbre, tenía esperanza. Poco después empezó a crecer el equipo y dejamos atrás el comedor de la casa de mis papás para abrir nuestro primer taller. The Hope Store estaba llegando a muchas personas.
No hacemos joyería solo para verte mejor.
La hacemos para recordarles quiénes son. Creo profundamente que todos necesitamos recordatorios. Yo también. Hay días en los que me pongo un collar porque necesito recordar que soy valiente. Hay otros en los que necesito recordar que soy fuerte y amada.
Con el tiempo entendí que las cosas materiales pueden guardar historias. Un anillo puede recordarnos de nuestros papás. Una pulsera puede llevarnos al año que cambió nuestra vida. Unos aretes pueden recordarte a la persona que confío en ti cuando tu no lo hacías.
La joyería puede convertirse en pequeños recordatorios de quién eres cuando la vida intenta hacerte olvidarlo.
Todo nace de la misma fuente.
Muchas personas me preguntan de dónde nace The Hope Store. La respuesta es muy sencilla. De mi amistad con Dios. Nunca lo he sentido como un Dios lejano. Siempre ha sido mi mejor amigo. Y quien me recuerda que los dones que recibimos también son una responsabilidad. The Hope Store es mi manera de devolver un poco de todo lo bueno que Él ha puesto en mi vida. Por eso hacemos campañas de donación. Por eso buscamos construir comunidad. Por eso intentamos que cada persona que reciba nuestra joyería se sienta vista, amada y valiosa.
Ha sido un camino lleno de personas buenas y momentos increíbles pero también de momentos en donde es difícil perseverar. Pero si una sola persona vuelve a creer en sí misma después de abrir una de nuestras cajas, entonces todo habrá valido la pena.
Porque, al final, nunca hemos querido vender joyería. Queremos recordarles a las mujeres algo que quizá la vida les hizo olvidar. Que son valiosas, amadas y dignas. Y que siempre, siempre, hay esperanza. Bienvenida a The Hope Store.
Un abrazo,
Esperanza.
Fundadora de The Hope Store